Asumir el papel de lector improbable, como lo sugería Alejandro Rossi, es aceptar la responsabilidad que conlleva el acercamiento a la literatura por sí misma y no por la fama que le precede a un autor o a su obra, ni por las buenas críticas o ventas o por la publicidad grosera, agresiva, que monta una casa editorial. Tal acercamiento debe ser desinteresado sin planes, sin pretensiones cósmicas, con amor al detalle. Pero eso sí, asumiendo un papel de crítico incorruptible, feroz. Me pregunto si alguien, aparte de Alejandro Rossi, lo consiguió alguna vez ...